20100515

El Chico

El Chico viene a visitarnos para ver como están los muertos, para ver si están. Hemos invitado a algunos conocidos a cenar. No queremos que hablen mal ahora que están los muertos de vuelta, pero no nos cae bien esta gente. Hago el mejor cake de mi vida y se lo comen todo. Louise se va a dormir. Yo les digo a nuestros conocidos:
bueno, ya es tarde, y los mosquitos, en fin, llevan un rato mirándonos. Y los mosquitos podrían salir volando contra nuestros invitados y darles mordiscos de un milímetro en los tobillos, y luego la noticia saldría en los periódicos del pueblo y vendría a vernos el alcalde, y los medios nos pedirían explicaciones, pero nos admirarían, secretamente, el Chico me dice vámonos al bar. El bar va a cerrar en media hora, aún así vamos. Cojo prestada una bicicleta. En la esquina izquierda de la barra el Chico se pone a hablar de amor, de como estamos todos tan jodidos, dice, de Louise y sus amantes, y M. y yo, y la gente que ya no le recuerda. Pedimos dos Long Islands. Yo pienso que el Chico tiene un problema con el alcohol. Él está más o menos de acuerdo. Somos dos hombres quejándose como rancheras en el borde de una barra y en el escenario del fondo suena una señora gorda haciendo versiones de viejos hits de los doors. Jim Morrison en realidad no quería ser cantante, me cuenta el Chico.